Con apenas un centenar de habitantes censados, Víllora podría pasar desapercibido entre los pequeños municipios de la Serranía Baja de Cuenca. Sin embargo, basta con hablar unos minutos con cualquiera de sus vecinos para descubrir un pueblo que ha convertido la implicación de sus habitantes en su mayor fortaleza. Naturaleza, tradiciones, asociaciones, cultura y convivencia forman parte del día a día de un municipio que demuestra que el tamaño no determina la intensidad con la que se vive.
Así lo cuenta Loli, una de las vecinas más implicadas en la vida local, quien resume la esencia de Víllora con una frase que refleja el carácter del municipio: “Somos un pueblito muy pequeño, de 100 habitantes, pero viene muchísima gente joven. En verano el pueblo se llena y eso hace que siempre estemos organizando cosas”.
Aunque durante gran parte del año la población ronda el centenar de vecinos, la llegada del verano transforma completamente el pueblo. Familias que mantienen sus raíces en Víllora regresan cada verano para reencontrarse con sus vecinos, participar en las fiestas y colaborar en las numerosas actividades que se organizan. Esa población flotante ha permitido mantener un tejido social muy activo que resulta poco habitual en municipios de estas dimensiones.
Uno de los principales atractivos de Víllora es su entorno natural. El municipio comparte con Enguídanos uno de los espacios más emblemáticos de la provincia, las Chorreras del Cabriel, un espacio de gran valor paisajístico y medioambiental que se ha convertido también en un punto de encuentro para actividades divulgativas y de turismo sostenible. Senderismo, rutas interpretativas y jornadas organizadas junto a la Reserva de la Biosfera del Valle del Cabriel permiten dar a conocer este espacio desde una perspectiva científica y ambiental.
Para Loli, el pueblo siempre intenta ir un paso más allá del simple disfrute del paisaje. Por eso, una de las actividades que más ilusión despierta este verano consiste en una ruta guiada por un geólogo que explicará cómo se formaron las Chorreras y cuál es su importancia dentro del territorio. Una iniciativa que combina naturaleza, divulgación y educación ambiental y que refleja la apuesta de Víllora por poner en valor su patrimonio natural.
Pero si hay algo que define al municipio es la implicación de sus vecinos. En un pueblo tan pequeño sorprende encontrar asociaciones con una participación extraordinaria. Un ejemplo es la asociación de mujeres, que reúne a alrededor de 140 socias entre vecinas, hijas y nietas de familias del municipio.
“Hay pocas asociaciones de mujeres tan numerosas para un pueblo tan pequeño. Este año nos vamos a juntar unas 120 en la cena anual”, explica Loli con orgullo. Ese encuentro, que se celebra cada verano, es mucho más que una comida: supone un reencuentro intergeneracional que fortalece los vínculos entre quienes viven en Víllora durante todo el año y quienes regresan cada verano para mantener viva la relación con su pueblo.
La implicación vecinal también se extiende al cuidado del entorno. Recientemente se ha creado una asociación forestal de propietarios con el objetivo de gestionar de manera conjunta los montes del municipio y prevenir incendios forestales. Según explica Loli, se trata de una iniciativa pionera en la provincia de Cuenca que busca demostrar que la colaboración entre vecinos también puede ser una herramienta eficaz para conservar el patrimonio natural.
Durante el mes de agosto la actividad alcanza su punto álgido. Antes de las fiestas patronales, Víllora celebra una semana cultural en la que tienen cabida actividades deportivas, infantiles y de ocio para todas las edades. Pádel, fútbol, frontón, juegos de mesa y otras propuestas sirven para reunir a vecinos de distintas generaciones antes del inicio de los festejos.
En Víllora, como en otros municipios, son los propios vecinos quienes hacen posible la realización de los festejos: “Hay un grupo de jóvenes que lleva todo el año organizándolo y haciendo actividades para recaudar dinero”.
Ese esfuerzo colectivo convierte las fiestas en un proyecto común. Cada vecino aporta en la medida de sus posibilidades para que el pueblo siga ofreciendo actividades año tras año, una filosofía que ha permitido mantener vivo el calendario festivo pese a los limitados recursos municipales.
La actividad, además, no termina con el verano. A lo largo del año se suceden celebraciones tradicionales como la Matanza del Borrino, la Candelaria o encuentros durante la Semana Santa. También se organizan iniciativas más recientes, como la fiesta de la uva, que reúne a decenas de vecinos alrededor de catas de vino y actividades de convivencia.
Entre las propuestas más singulares destaca la ruta nocturna de la luna llena. Cuando llega una de las noches más especiales del verano, los vecinos caminan juntos hasta la ermita llevando cada uno su propia cena. Allí comparten una velada tranquila en la que no faltan la poesía, las conversaciones y el deseo de seguir manteniendo vivas las costumbres del pueblo.
A esa intensa vida cultural se suma también un coro formado principalmente por mujeres mayores del municipio. Ellas ponen voz a las celebraciones religiosas de las fiestas patronales y participan ocasionalmente en pequeños festivales organizados en el pueblo. La propia Loli dirige la agrupación, otra muestra más del compromiso de muchos vecinos con la vida comunitaria.
En una época en la que muchos pequeños municipios luchan contra la despoblación y la pérdida de servicios, Víllora ofrece otro relato posible. Un pueblo donde la participación ciudadana, el apego por las tradiciones y el cuidado del entorno natural permiten mantener una intensa vida social durante los doce meses del año.






