Santa María del Val ha vivido un acontecimiento que quedará para la historia reciente del municipio. Tras dos décadas sin nacimientos, la llegada de Juan Guillermo Serrano Trigo ha devuelto la ilusión a un pueblo acostumbrado a ver como el tiempo pasaba sin relevo generacional.

Sus padres, Paola Andrea Trigo y Jairo Ariel Serrano llegaron desde Bolivia en busca de una oportunidad para construir una nueva vida. Ambos cuentan con formación universitaria, pero la falta de oportunidades laborales en su país les llevó a emigrar.
Primero fue Jairo quién llegó a España ya que su padre había emigrado años atrás y se dedicaba a la construcción en el municipio. Más tarde, Paola pudo reunirse con él en Santa María del Val.
La familia encontró en el municipio mucho más que un lugar para trabajar, encontró una comunidad que les abrió las puertas desde el primer momento: «Cuando estaba embarazada me sentía muy sola tras haber dejado a nuestra familia en Bolivia, pero la gente de aquí siempre estuvo muy pendiente de mí, me ayudaban, se preocupaban y me hacían sentir acompañada», recuerda Paola.
La llegada del pequeño Juan Guillermo se vivió con especial emoción entre los vecinos: «Aquí no lo esperaba mi familia, lo esperaba el pueblo de Santa María del Val, todos me preguntaban cuándo iba a nacer» explica la madre. Además, Paola asegura que el cariño recibido ha ido mucho más allá de su localidad, vecinos de municipios cercanos como Masegosa o El Tobar también les han brindado apoyo y oportunidades laborales desde su llegada.
«Todo el pueblo quiere a mi hijo, nos han abierto las puertas, nos han dado trabajo y nunca nos hemos sentido discriminados», Paola está segura de que su hijo va a crecer rodeado de cariño, algo muy importante para ellos después de haber tenido que abandonar su país de origen. La familia destaca especialmente la dificultad de empezar de cero en otro país y la importancia de encontrar ayuda entre los locales.
Veinte años después del último nacimiento registrado en el municipio, Juan Guillermo se ha convertido en mucho más que un nuevo vecino. Para muchos habitantes de Santa María del Val simboliza esperanza, futuro y la posibilidad de que la vida vuelva a abrirse camino en los pequeños pueblos de la Serranía.








