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09/06/2026

El convento de San Miguel de las Victorias: cuatro siglos de historia sobre las hoces de Priego

Fundado tras la batalla de Lepanto y reconstruido por Martín de Aldehuela, el monasterio conserva un importante legado religioso y cultural en la Alcarria Conquense.

Entre las sierras que rodean Priego se alza uno de los enclaves más singulares de la Alcarria Conquense: el convento de San Miguel de las Victorias. Situado en un paraje privilegiado con vistas a la hoz y rodeado de naturaleza, este edificio histórico continúa siendo un lugar de referencia para vecinos y visitantes, aunque hoy su actividad es mucho menor que en otros tiempos. Julio Ferrer Canales, quien durante años se encargó de su mantenimiento, lo describe como un lugar único: “Está entre las dos sierras y es un rincón muy bonito. El subir allí está relajado, sin ruidos, únicamente el canto de los pájaros”.

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La historia del convento se remonta al siglo XVI, según la tradición, el conde de Priego participó junto a sus hijos en la batalla de Lepanto (1571) bajo el mando de don Juan de Austria. Antes de partir hizo una promesa: si regresaban con vida, levantaría un convento en agradecimiento. Tras la victoria, obtuvo el permiso papal y comenzó la construcción del primer edificio.

Sin embargo, aquel primer convento no se encontraba en su ubicación actual ya que fue  levantado en una zona próxima que sufría continuos desprendimientos de roca, por lo que terminó abandonado. A finales del siglo XVIII se construyó el convento que hoy conocemos, diseñado por el arquitecto Martín de Aldehuela, autor también de algunas de las obras más destacadas de la arquitectura española de la época.

Durante siglos, el convento estuvo habitado por frailes franciscanos y desempeñó un importante papel religioso en toda la comarca. Tras la marcha de la comunidad religiosa, el edificio tuvo distintos usos, llegando incluso a albergar una escuela de misioneros. De hecho, tres de los mártires de Damasco canonizados recientemente recibieron parte de su formación en este lugar.

Actualmente el convento ya no cuenta con comunidad religiosa permanente, su actividad se centra principalmente en la acogida de campamentos, convivencias y grupos parroquiales. Aun así, mantiene una estrecha relación con la vida religiosa de Priego, cada 13 y 14 de septiembre se celebran los actos en honor al Cristo del convento, una imagen de gran devoción popular que atrae a numerosos fieles.

Alrededor de este Cristo también circulan leyendas, una de las más conocidas cuenta que durante la invasión napoleónica varios soldados recibieron la orden de destruir la capilla, pero ninguno fue capaz de hacerlo. Aunque no existen documentos que confirmen esta historia, sigue formando parte del imaginario popular de la localidad. “Eso es una leyenda que se ha contado siempre aquí”, explica Julio, quien reconoce que este tipo de relatos forman parte de la identidad del convento y de la memoria colectiva de Priego.

El convento conserva además otros misterios, algunas teorías sostienen que fue construido sobre un antiguo asentamiento templario, hipótesis basada en restos de antiguas bóvedas y cimentaciones halladas en la zona. Aunque no existe consenso histórico sobre esta posibilidad, añade un nuevo atractivo a un lugar ya de por sí cargado de historia.

Más allá de su valor patrimonial, quienes conocen el convento destacan el entorno en el que se encuentra. El silencio, las vistas y la sensación de tranquilidad convierten la visita en una experiencia especial. Julio asegura que muchos visitantes quedan sorprendidos cuando descubren el lugar: “Los que lo vemos todos los días no le damos importancia, pero viene mucha gente por primera vez y les sorprende”. Es precisamente esa combinación de historia, naturaleza y espiritualidad lo que hace del convento de San Miguel de las Victorias uno de los rincones más singulares por descubrir en la provincia de Cuenca.

A pesar de la falta de personal encargado de su conservación diaria y de la disminución de actividad respecto a décadas anteriores, el convento continúa siendo un símbolo para Priego y un testimonio vivo de la historia religiosa y cultural de la Alcarria Conquense. Actualmente, tras la marcha de quienes se ocupaban de su mantenimiento cotidiano, el edificio afronta el reto de seguir conservando un patrimonio que forma parte de la historia y la identidad de toda la comarca.

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