En un lugar privilegiado del Alto Tajo hay tradiciones que resisten al paso del tiempo. La cocina de Pura Lorente ha alimentado durante décadas a generaciones enteras de viajeros y vecinos en su restaurante. A sus 93 años, esta veterana hostelera de Peralejos de las Truchas y su restaurante Casa Pura ha recibido el reconocimiento en la V edición de los premios gastronómicos del medio rural de Castilla-La Mancha, Broches Gastronómicos del Medio Rural, en enero de este año, como homenaje a toda una vida dedicada a preservar la esencia de la cocina tradicional.
Su historia comenzó casi por casualidad, en febrero de 1954, tras celebrarse su boda en la antigua posada del pueblo, que entonces se conocía como “la posada de la tía Prisca”. Ella y su marido decidieron quedarse a vivir allí: “Al principio no me gustaba, pero con el paso del tiempo le fui cogiendo el gusto”, explica Pura. En aquellos años, en la década de los cincuenta, la clientela poco tenía que ver con el turismo gastronómico actual: por la posada pasaban tratantes de ganado, titiriteros y estañadores. El negocio se sostenía más por las cuadras y los animales que por el alojamiento, y muchos viajeros se quedaban a dormir en la cámara de la posada.
Es a partir de los años sesenta cuando todo cambió. Peralejos de las Truchas empezó a atraer a aficionados de la pesca y, con ellos, nuevas necesidades: “además de alojamiento necesitaban servicio de comedor y así fue como empecé con la cocina”, cuenta Pura. A partir de ese momento empezaron a dar servicio de pensión completa. Desde entonces, su cocina se convirtió en referencia de la gastronomía del lugar.
Tradición, producto y legado
Trucha, cordero, conejo, pollo de corral, legumbres y verduras de temporada han sido siempre la base de su propuesta culinaria, que además está profundamente ligada al territorio. En palabras de Pura: “era lo que teníamos y conocíamos”. Añade que, en realidad, la guía de la cocina entonces eran las tradiciones de la zona. Mantener un negocio hostelero en un entorno rural no es tarea fácil; de hecho, la mayor dificultad reside en la escasez de medios y productos.
En cuanto a sus clientes, Pura asegura que las recompensas han compensado cualquier esfuerzo, puesto que “hay personas que con el paso del tiempo son como de la familia”. Tras décadas de visitas, hay quienes llevan más de cuarenta años yendo allí. A lo largo de las décadas, su cocina ha sabido evolucionar sin perder la esencia. A las enseñanzas heredadas de su madre y de su suegra fue incorporando nuevas ideas, sugerencias de clientas y productos novedosos que enriquecieron su recetario tradicional.
El reciente reconocimiento recibido ha supuesto para ella una emoción inesperada: “A nivel personal, una sorpresa, con 93 años yo no esperaba tal reconocimiento”, afirma. Profesionalmente, el galardón representa una gran satisfacción para toda su familia, especialmente porque sus hijos continúan hoy al frente del negocio. Este premio además pone el foco en el papel que históricamente han encarnado las mujeres en la gastronomía rural, una labor muchas veces invisible. Pura lo tiene claro y pone en valor positivamente que ahora se empiece a reconocer: “las mujeres en los pueblos siempre se encargaban de la cocina, ya fuese para cocinar para sus familias o para otras personas, de manera silenciosa e invisible”.
Desde su experiencia, la gastronomía es una herramienta fundamental para mantener vivos a los pueblos, y la gente así lo agradece. Se valora el cariño y el empeño que entrañan los platos tradicionales que ofrecen. Y precisamente ahí, en ese cariño transmitido a fuego lento durante más de medio siglo, reside el verdadero legado de Pura: una cocina que no solo alimenta, sino que conserva la memoria y el alma del medio rural.







