Desde los veranos en los pueblos de Cañizares y Villaconejos hasta las pistas de la élite del balonmano español, la historia de Aitor Colmena es la de un joven que ha crecido entre esfuerzo, lesiones y una pasión inquebrantable por su deporte.
Natural de Cuenca, Aitor comenzó a jugar al balonmano con apenas seis años, siguió los pasos de su hermano mayor, Jaime. Aquel comienzo no habría sido posible sin la insistencia de su entonces entrenador, Eduardo Rodríguez, quien apostó por mantener a ambos en la escuela municipal, lo que marcó el inicio de una trayectoria caracterizada por el aprendizaje y la perseverancia.
Su progresión le llevó a las categorías inferiores del REBI Cuenca, donde durante su etapa infantil tuvo como entrenador a Javier Lucena, una figura clave tanto dentro como fuera de la pista. “No solo nos enseñaba balonmano, nos enseñaba a ser un equipo y a tratarnos como una familia”, recuerda Aitor sobre aquellos años.
Sin embargo, el camino no fue sencillo. En su segundo año en categoría infantil, con tan solo 13 años, sufrió una grave lesión: la rotura del ligamento cruzado anterior, por lo que tuvo que someterse a una operación. Esta circunstancia hizo que iniciara su etapa en cadete aún en proceso de recuperación. De ese periodo recuerda con especial cariño a su hermano, quien, en palabras de Aitor, “fue quien nos enseñó que el balonmano iba más allá de meter goles”.
Cuando se acercaba el final de su primera temporada en categoría cadete, volvió a enfrentarse a una nueva lesión: la rotura del menisco, agravada al producirse en la misma rodilla que la anterior. A pesar de ello, decidió viajar con su equipo a un sector nacional en Galicia para no perderse la experiencia, demostrando un compromiso poco habitual para su edad.
Lejos de rendirse, en su siguiente etapa reinventó su juego. El traumatólogo le recomendó dejar el balonmano para favorecer su recuperación, por lo que, ante la imposibilidad de competir como jugador de campo, optó por convertirse en portero para seguir aportando al equipo. Bajo la dirección de Juan Doldán, vivió una experiencia inolvidable al participar en una Minicopa del Rey, donde ocupó una posición nueva para él. Poco después, pasaría nuevamente por quirófano para solucionar definitivamente sus problemas de rodilla.
Ya en categoría juvenil, Aitor tuvo que esperar hasta diciembre para regresar a los entrenamientos, en una temporada marcada por la readaptación. Este último año como juvenil ha sido especialmente significativo para él, ha supuesto el cierre de una etapa junto a los compañeros con los que ha crecido desde la infancia, y nuevamente bajo la dirección de su hermano como entrenador.
Su evolución no ha pasado desapercibida. Esta temporada también ha tenido la oportunidad de competir con el equipo B del REBI Cuenca, gracias a la confianza de Rafa López ha sumado experiencia y minutos importantes. Pero el momento más especial llegó el pasado miércoles 15, cuando Aitor debutó en la Liga ASOBAL frente al FC Barcelona de balonmano. “En los momentos previos a saltar a la pista tenía una mezcla de emociones, estaba nervioso y tenía ganas de demostrar todo lo que he trabajado para poder conseguirlo”, explica. Ya en la pista, descubrió la exigencia del máximo nivel: “No tienes tiempo ni para mirar a tus padres en la grada”. Aun así, disfrutó cada segundo de una experiencia que marca un antes y un después en su carrera.
Ahora, Aitor Colmena mira hacia el futuro y tiene claro su objetivo: seguir trabajando con su equipo en Cuenca para continuar cumpliendo sueños. Una historia de superación que apenas acaba de empezar.








