Durante siglos, el río Tajo fue testigo del silencio de una ausencia. Sus aguas, antaño refugio de una criatura ingeniera de los ecosistemas, habían quedado huérfanas de su presencia. Sin embargo, el curso del tiempo, en ocasiones, da segundas oportunidades.
En junio de 2024, en el corazón de La Alcarria, un equipo de investigadores hizo un descubrimiento inesperado: el regreso del castor europeo (Castor fiber) a esta cuenca fluvial, de donde había desaparecido hace cientos de años.
Es el mayor roedor europeo, con una longitud de hasta 90 centímetros, unos 35 de los cuales corresponden a la cola. Su peso está entre los 15 y los 30 kg. Pero el castor europeo no es un extraño en la península ibérica. Existen registros que confirman su presencia desde la época romana y visigoda, aunque la presión humana y la caza lo llevaron a la extinción en esta región.
A pesar de las buenas noticias, aún quedan preguntas sin respuesta. ¿Cómo llegaron estos castores al Tajo? Dado que la colonia más cercana se encuentra a más de 100 kilómetros de distancia y no hay registros intermedios de su presencia, los investigadores sospechan que fueron introducidos por la acción humana.
*Una información que ha comunicado National Geographic España.








