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29/10/2026

Keltíber: nuestra experiencia en la Fiesta de la Celtiberia en Enguídanos

Hay lugares que te sorprenden desde el primer momento, y Enguídanos fue uno de ellos. En mi caso, era la primera vez que visitaba este precioso pueblo conquense y, nada más llegar, ya pudimos contemplar desde el coche una estampa espectacular, con su castillo dominando el paisaje y sus casas integrándose perfectamente en el entorno. Una primera impresión que nos hizo intuir que estábamos a punto de descubrir un lugar con mucho encanto.

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Nuestra experiencia en Enguídanos, comenzó de la mejor manera posible: con una visita al Mesón Keltíbero, donde disfrutamos de una cerveza y unas tradicionales gachas de almortas. Pocas formas mejores se nos ocurren de empezar una jornada dedicada a descubrir la historia, la cultura y la gastronomía de una localidad. Allí nos encontramos con Lorena Luján, concejala y teniente de alcalde de Enguídanos, y Alba Cerdán, auxiliar administrativa del Ayuntamiento, quienes nos acompañarían durante parte de la visita para enseñarnos todo lo que esta celebración tenía preparado.

Una de las primeras cosas que despertó nuestra curiosidad fue la calle del mesón. En esta zona, los establecimientos hosteleros habían preparado casetas y decoraciones inspiradas, creando un ambiente muy especial. Una calle al mismísimo nivel de los Tubos en Zaragoza. Los bares ofrecían comida y bebida mientras los visitantes comenzaban a llenar las calles, en un entorno festivo que anticipaba todo lo que estaba por llegar durante la tarde y la noche. Resultaba sorprendente comprobar cómo la localidad se había transformado para acoger una celebración que lleva ya 22 ediciones y que moviliza una enorme cantidad de recursos y participantes.

Después de comer, comenzamos a recorrer el pueblo para descubrir sus diferentes espacios y decoraciones. La ambientación nos sorprendió por su cuidado y por la cantidad de detalles que permitían sumergirse en otra época. Se notaba el trabajo que había detrás de la organización y la implicación de todas las personas que participan en esta fiesta, con propuestas que iban mucho más allá de un mercado convencional.

Nuestro recorrido nos llevó hasta el castillo, donde pudimos contemplar un campamento romano recreado como parte de la ambientación histórica. Una vez allí, disfrutamos de diferentes actividades, entre ellas el tiro con arco y varios juegos de puntería e ingenio. También tuvimos la oportunidad de subir a una de las torres y contemplar Enguídanos desde las alturas. Las vistas eran extraordinarias y nos permitieron apreciar todavía mejor la belleza del pueblo y de su entorno.

A lo largo de la visita, nuestras guías fueron Lorena y Alba, que nos acompañaron en el descubrimiento de los distintos espacios de la feria. Uno de los que más nos llamó la atención fue la recreación de un poblado celtíbero, donde pudimos hacernos una idea de cómo podía ser la vida en aquella época. Este tipo de representaciones aportan un valor especial a la celebración, ya que permiten acercarse a la historia de una manera mucho más visual y entretenida.

Continuamos nuestra ruta hasta llegar a uno de los puntos neurálgicos de la feria, donde nos esperaba una gran variedad de propuestas. Allí pudimos observar diferentes aves rapaces adiestradas, entre ellas águilas y cuervos, y conversar con la persona encargada de su cuidado y entrenamiento. Fue una experiencia curiosa que se sumó a la gran cantidad de descubrimientos que estábamos haciendo durante la jornada.

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La artesanía también ocupaba un lugar destacado. Entre los numerosos puestos encontramos joyería artesanal, trabajos de herrería, talla de madera realizada en directo y multitud de objetos elaborados a mano. Cada espacio ofrecía algo diferente y permitía conocer de cerca el trabajo de personas que mantienen vivos distintos oficios tradicionales. Nos detuvimos a hablar con varios de sus responsables, conocer sus técnicas y descubrir los productos que elaboraban (futuramente se subirá en nuestras redes sociales) . Además, aprovechamos para realizar algunas compras y llevarnos un pequeño recuerdo de la experiencia.

Entre todos aquellos puestos, también encontramos productores de hidromiel, con diferentes variedades que despertaron nuestro interés. Fue una oportunidad para conocer mejor esta bebida y descubrir que detrás de un mismo producto pueden existir elaboraciones y sabores muy distintos. La variedad de propuestas gastronómicas y artesanales contribuía a que cada rincón de la feria ofreciera algo nuevo.

La tarde continuó con una representación sobre el escenario dedicada a las tradiciones celtíberas, que nos permitió seguir profundizando en el contexto histórico de la celebración. Poco después, llegó otro de los momentos más llamativos del día: el espectáculo de castillos pirotécnicos. La combinación de la fortaleza, la noche y los efectos de luz creó una estampa especialmente bonita, de esas que consiguen sorprender incluso después de llevar horas descubriendo todo lo que ofrece una fiesta.

Con la caída del sol, la experiencia dio paso a una faceta más gastronómica. Regresamos a la zona de los mesones para degustar las diferentes variedades de hidromiel que habíamos descubierto durante la tarde. Pudimos probarlas, comparar sus sabores y conversar sobre sus características, hasta encontrar algunas que nos gustaron especialmente mucho.

La noche continuó en «la calle del miedo», donde aprovechamos para probar vinos de la zona y disfrutar del ambiente que se había formado alrededor de los establecimientos hosteleros. Después de una jornada repleta de actividades, historia, artesanía y nuevos descubrimientos, era el momento de relajarse, compartir unas copas y disfrutar del ambiente festivo que envolvía Enguídanos.

Nuestra visita a Keltíber terminó dejándonos una impresión extraordinaria. Fue una jornada en la que pudimos descubrir la belleza de Enguídanos, acercarnos a la historia de los pueblos celtíberos, conocer a artesanos que mantienen vivos sus oficios y disfrutar de una oferta gastronómica que tuvo un protagonismo especial desde el primer momento hasta la noche.

Más allá de las recreaciones históricas, los espectáculos y la cantidad de puestos que llenaban sus calles, lo que realmente nos llevamos fue la sensación de haber vivido una experiencia completa, en la que la cultura, la tradición y la convivencia se combinaban de una manera muy natural. Resulta admirable el esfuerzo necesario para organizar una celebración de estas características y transformar un pueblo en un escenario histórico capaz de atraer a visitantes y participantes de diferentes lugares.

Una visita que merece la pena vivir y que nos dejó con ganas de seguir descubriendo lugares donde nuestras raíces y tradiciones continúan muy presentes.

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