En la comarca de la Celtiberia, más en concreto en la zona de `El Campichuelo´, en Cuenca, encontramos ‘Los Cásicos’, alojamientos rurales situados en la localidad de Ribatajadilla. Se trata de un negocio regentado por Víctor Alcocer Navalón, que además es técnico especialista en desarrollo rural.
Alcocer nos atiende para una entrevista en plena Semana Santa 2026, con la ocupación al cien por cien, pero con ganas de contarnos todo sobre este complejo turístico rural con el que pretende llegar cada vez a más público y atraerlo incluso en temporada baja.
¿Podría contarnos un poco la historia que hay detrás de Los Clásicos?
Los Clásicos es una empresa que se crea con la intención de hacer un proyecto entre amigos, para hacer algo en conjunto y además trabajar en aquello que nos gustaba, el ámbito rural, y aprovechando el sector turístico como alternativa a las empresas tradicionales de los pueblos, la agricultura y la ganadería.
Lo fundamos en el año 2007 y creamos un pequeño alojamiento turístico, bueno, pequeño, no tan pequeño. Tiene 40 plazas y lo pensamos como un alojamiento que viniera a dar una salida, una alternativa a grupos grandes, a familias grandes, a grupos de amigos grandes. Pero al mismo tiempo contar con la posibilidad de que cada uno pueda tener su pequeño espacio, su intimidad.
Contamos con cinco casas y junto a estas casas tenemos un salón que es el que permite hacer estas reuniones de amigos. Un salón grande como si te encontraras un bar-restaurante completamente equipado, pero sin el servicio de camareros como les digo yo a los clientes
Tenemos la posibilidad de colaborar y así lo hacemos cuando el cliente nos demanda un servicio completo de alojamiento más comida, pues contratar un servicio de catering. Colaboramos con diferentes caterings de la provincia e incluso de fuera de la provincia a raíz de que algún cliente ha traído catering desde Madrid, por ejemplo.
Y algo que para nosotros era impensable: que un catering pudiera venir desde Landete, como es el catering de Mari Carmen del Hotel Moya o de Cañada del Hoyo, La Venta de los Montes. Pues otros caterings han venido desde Madrid a dar servicios a demanda y buscando el servicio y el producto que demandan los clientes.
Un negocio al pie de la Serranía de Cuenca, ¿es fácil conseguir clientes durante todo el año? ¿Qué perfil suele quedarse? ¿Y qué épocas son las más demandadas?
Que estemos cerca, pues efectivamente, al pie de la Serranía de Cuenca y entre dos subcomarcas, lo que es la Alcarria y la Serranía de Cuenca, estamos en el Campichuelo, en Ciudad Tejadilla, tan solo a trece kilómetros de Villalba de la Sierra. Pero es verdad que es una dificultad añadida el atraer clientes. No estamos en ninguna de las rutas más turísticas de la provincia de Cuenca o la Serranía de Cuenca; estamos fuera de esa ruta de Villalba de la Sierra, Uña, hacia el nacimiento del río Cuervo o la Ciudad Encantada. Por lo tanto, hay que hacer un esfuerzo extra para hacernos visibles y además atraer a ese cliente. Es una cuestión simplemente de visibilidad.
Nos aprovechamos de esa publicidad indirecta que se hace a veces desde las administraciones para fortalecer enclaves como el nacimiento del río Cuervo o la Ciudad Encantada. Estamos muy cerquita y a caballo entre lo que es la hoz de Beteta y la hoz del río Júcar. Intentamos hacernos visibles, pero es un esfuerzo totalmente privado.
La estacionalidad en el turismo rural se nota muchísimo. Tenemos épocas flojitas, como son los meses de enero y febrero, y otras épocas en las que nos hemos tenido que ir reinventando porque veíamos que no teníamos un atractivo como podría ser un río. En la época de verano tuvimos que poner piscina y, al no contar en el municipio con una piscina pública, tuvimos que hacer una inversión y hacer nuestra piscina privada.
Al final te encuentras un enclave que pilla cerca de todos los sitios, servicios que, si quiere el cliente, puede estar perfectamente sin salir de allí en sus vacaciones. Pero al mismo tiempo muy próximos a los recursos turísticos más emblemáticos de la Serranía de Cuenca, como pueden ser la hoz de Beteta o la parte del Júcar, Uña,
Majadas, Huélamo, Tragacete, Vega del Codorno… que es más conocido por el turismo que viene de Madrid o Valencia.
¿Recibe Turismo Internacional?
No, muy poquito. En contadas ocasiones hemos tenido algunos clientes alemanes, sobre todo. Pero no es un turismo en el que seamos capaces de cuajar y no es lo habitual.
Investigando un poco vuestra página web, hay un apartado de experiencias, por ejemplo, conocer de primera mano la trufa, micología, senderismo, pesca, talleres de jabones o carpintería…
El crear esos productos turísticos viene motivado por romper la estacionalidad y darle al cliente esa oportunidad de hacer cosas en un pueblo tan chiquitito como Ribatajadilla. Muy cercanas, muy próximas y además en un paquete cerrado.
Pero sobre todo el gran atractivo del alojamiento es la capacidad que tiene de acoger grupos grandes y es verdad que cuando el grupo grande encuentra ese sitio donde poder compartir el tiempo que quiere con la familia, con sus amigos, sí que nos van demandando ese tipo de productos, ¿no?, como un complemento. Pero los productos no nos están ayudando a captar más clientes, sino que los clientes que vienen al alojamiento, pues aprovechan ese tipo de productos.
O sea, no estamos siendo capaces de que, en los meses de diciembre, enero y febrero, la truficultura, el trufiturismo, venga un grupo a hacer una actividad, una visita a la explotación trufera (que contamos con colaboraciones con los truferos de la zona) y ya alojarse en el alojamiento, no. Es gente que vienen al alojamiento y ya nos pregunta que se puede hacer y entonces ya lo hacen como un complemento.
¿Hay alguna solución a esta estacionalidad del turismo?
Es un reto permanente el captar clientes porque estoy seguro de que el dejar de buscar, de anunciarte, de promocionarte, pues llegarían incluso épocas, como la Semana Santa (que es de ocupación plena durante los tres, cuatro días) podríamos llegar incluso a no ser visibles.
Por lo tanto, permanentemente tenemos que estar invirtiendo en esa publicidad, en esa visibilidad, entrando también en las reglas del juego de los grandes portales. Entonces o te dejas ver (con un esfuerzo personal y económico de estar mostrándote continuamente), o al estar fuera de estos circuitos, pues es lo que pasa en estos enclaves que no son esos enclaves principales del turismo.
El turista, cuando piensa en venir desde Valencia, Madrid, Alicante o Cataluña, su idea principal cuando viene a Cuenca es Cuenca capital, nacimiento río Cuervo, Ciudad Encantada. Todo lo que se sale de ahí; es hacer un esfuerzo para llevártelo a tu terreno, para darte a conocer, para ser visible, para que te encuentren fácilmente. Por lo tanto, estás peleando desde un negocio muy pequeñito con los grandes del turismo. Y si dejas de hacer ese esfuerzo económico, eres invisible.
Hay una corriente bastante creciente en estos últimos tiempos de retornar a los pueblos, a los entornos rurales, como emprendedor y técnico especialista en desarrollo rural, ¿cómo valora este comportamiento?
Después de más de veinte años de trabajo principal en desarrollo rural y que nuestro objetivo es frenar la despoblación, he llegado a la conclusión personal de que para retornar ese problema tiene que haber una motivación propia de cada una de las personas que quieren venir a vivir a los pueblos.
Creo que estamos haciendo un llamamiento de auxilio por parte del medio rural, que a veces damos la sensación de que necesitamos de número de personas sin valorar mucho qué aportan esas personas al territorio. No nos vale cualquier persona, lo primero las personas que nos valen son aquellas que efectivamente quieren vivir en este medio rural, que no es ni mejor ni peor que el urbano, es totalmente diferente.
No es fácil vivir en los pueblos; hay muchos pueblos que, en función de la época del año en la que están, no es igual primavera, verano que los meses de otoño, invierno. Y no es igual un fin de semana que entre semana.
Lo que sí necesitamos es gente que quiera vivir en los pueblos, que tengan convencimiento y que sepa que vivir en los pueblos es totalmente diferente a la vida urbana. Gente que quiera ser arquitectos y trabajar en un pueblo o pastores y trabajar en el campo. Pero esa imagen bucólica de vivir en el mundo rural y tener una casita con su chimenea y un huertecito y unas gallinas pues a veces confunde y luego cuando llegan a vivir en un pueblo pues lo que les parecía una vida super sencilla, super bucólica y maravillosa pues se dan cuenta ese tiempo que se ralentiza mucho y puede llegar a provocar estrés.
Desde mi punto de vista el mayor valor que pueda aportar una persona que quiera venir a vivir a los pueblos es su voluntad de querer venir a vivir a los pueblos. Que no se sienta atraído por una casa y un trabajo gratuito porque una vez que lo tenga, va a seguir teniendo un vacío y se va a terminar marchando del pueblo.
Todos los esfuerzos que se están haciendo por parte de las diferentes administraciones se están notando y mucho, de manera positiva. Pero hay que buscar gente que su principal valor sea esa voluntad de querer vivir en el entorno rural y luego desde las administraciones y entidades ayudarles a que eso sea lo más fácil posible.
*Autora: Silvia Trujillo
Adjuntamos algunas fotos más del Complejo Rural Los Clásicos:









