Este pasado miércoles 16 de julio, se cumplió el aniversario (2005) de uno de los hechos que más daño ha hecho a nuestra comarca y que más hondo, por desgracia, caló en los habitantes de la misma. El agónico incendio de Guadalajara, que tuvo lugar más en concreto en el municipio de Riba de Saelices.
Un sucesos que se llevó por delante la vida de un total de 11 personas, nueve de ellos bomberos y dos agentes forestales, que en su lucha por apagar el incendio, perdieron la vida.
Sin duda alguna, este hecho, produjo un antes y un después en nuestra Comunidad Autónoma, en numerosos sentidos, principalmente en lo referido, tanto a la prevención como a la extinción de incendios. Asimismo, causó una gran repercusión en materia política en numerosos sectores.
Por último, el excursionista que realizó el fuego en las inmediaciones de la Cueva de los Casares (Parque Natural del Alto Tajo), fue condenado judicialmente, ya que además del trágico suceso de las personas que perdieron la vida, el fuego arrasó más de 13000 hectáreas. 
Y es que hace 20 años, a estas horas y con el fuego sin control, con cerca de 24 horas tras su declaración, el Parque Natural del Alto Tajo poco a poco se consumía. Es por ello, que en su aniversario, todo tipo de entidades políticas, pero también desde el Plan INFOCAM, han querido recordar a los fallecidos, así como intentar pedir `cautela´ ante el peligro que supone el fuego en estas épocas.
A estas horas, justo el día después de que arrancasen las llamas, se movilizó el retén de Cogolludo, que más tarde, una lengua de fuego y la peligrosidad de las llamas, hizo que fueran sorprendidos, sin tener escapatoria.
Tras un plan de emergencia `in extremis´, que a la postre cambiaría en nuestro país la forma de actuar frente a los incendios, hizo que por fin el 2 de agosto, el temible incendio, se diera por controlado y a su vez, apagado.
Es por ello, que desde aquí recordamos a: Jesús Jubrias, Mercedes Vives, José Ródenas, Manuel Mantecas, Marcos Martínez, Luis Solano, Julio Ramos, Jorge César, Sergio Casado, Alberto Cemillán y Pedro Almansilla; los cuáles se dejaron la vida luchando por mantener viva la de otros en municipios cercanos que veían como las llamas se acercaban a sus casas sin control.










